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ESE MAR CASI METAFÍSICO

* Por: William Tórrez Pérez (asambleísta departamental)

Extractado del Periódico La Patria en su edición del sábado 24 de marzo de 2018



Un 23 de marzo de 1879, un puñado de mal armados milicianos civiles y escasos soldados bolivianos desafían al invasor de la heredad nacional cumpliendo el último mandato del Mariscal de Ayacucho, ofrendando sus vidas de pie y de frente al destino.

Superados en número y recursos de forma totalmente asimétrica, no tienen otra respuesta que decir "que sepa Chile que los bolivianos no preguntan cuántos son sus enemigos antes de presentar batalla" (Ladislao Cabrera), superados en todo con la suerte echada y ningún auxilio de las autoridades centrales en La Paz, pronuncian "al estar en el desierto inmensamente solos, abandonados de nuestros hermanos, el rotaje (chilenos) aunque superior en número, no nos intimidaba, pues latía en nuestros corazones suficiente sangre para ahogar en ella a los invasores de la patria", los bolivianos cumplieron más allá del deber, Cabrera, Taborga, Burgos, Abaroa y 135 valientes más con su sacrificio dieron el aval espiritual para la reivindicación marítima del pueblo boliviano, alentando desde su holocausto a las generaciones del futuro a no renunciar jamás. 

El almirante argentino Massera, denominó a la reivindicación marítima boliviana con sus palabras bien calculadas de "En la Argentina se sabe muy bien cuál es el compromiso con Bolivia; hay un mar antiguo casi metafísico, que anda recorriendo la historia queriendo reencontrarse con Bolivia".

Más allá de la coyuntura de ese momento y las implicaciones en el contexto de la geopolítica argentina y de la política internacional, tales palabras resumen la aspiración boliviana, en el sentido metafísico conforme a las afirmaciones de Kant entendiéndose el sentido metafísico como; la necesidad inevitable.

Es esa necesidad inevitable del derecho a la reivindicación marítima de Bolivia, una apelación a la justicia histórica de los tiempos, el que, demanda, el retorno a las costas del Pacífico, existiendo desde épocas inmemoriales y hasta el final de los tiempos una vinculación virtual de la tierra, del espacio geográfico de Bolivia y de sus pueblos con el océano, el cual es una parte fundamental de la continuidad de la vida de los pueblos de Bolivia.

La injusticia perpetrada con la alevosía, la invasión y el absurdo injustificable "derecho de conquista" no puede negar, ni mucho menos obstruir el retorno al mar, un retorno que nuestra gente con su ímpetu indetenible para la aventura y la libertad trabajaron al igual que sus ancestros siglos atrás, hoy por hoy la vida económica de las costas del pacífico de lo que fue nuestro litoral y las tierras peruanas depende del flujo vital del comercio internacional boliviano, la separación de una insignificante frontera política no pudo cortar ese flujo vital, al extremo de que las mucho más fuertes manifestaciones culturales populares (folklore) de los pueblos bolivianos, vienen dominando la cultura de Chile, al extremo que tienen la necesidad de plagiarlas.

El acto criminal del gobierno chileno y los intereses de la plutocracia chilena-boliviana de la época de la infausta guerra del guano y el salitre, viene costando demasiado a los descendientes de los perpetradores, pues es sabido que muy pronto la víctima tiende a dejar de serlo, con la culpa de la historia encima, los líderes chilenos desde la fecha del alto crimen han tenido que vivir "con el arma bajo el brazo", con la paranoia propia del temor (campos de minas, compras militares multimillonarias, vergonzantes cofradías blindadas, etc.), todo por el temor, un temor que ha llevado a desarrollar hipótesis como la HV3, esperando un ataque concéntrico de los vecinos que fueron sus víctimas en el pasado.

De forma atávica, el boliviano mantiene latente la idea del retorno al mar como parte de su existencia propia, no se puede ocultar el hecho de que la herida abierta de la mutilación de nuestra costa en el Pacífico se hereda generación tras generación, de una forma inexorable e inevitable.
Enlazando las dos situaciones: 1) la de la inevitable conexión y relación de los pueblos de Bolivia con el mar y 2) la inevitable necesidad del derecho de la reivindicación marítima que late en las mentes y los corazones de cada boliviano, podemos señalar sin temor a la hipérbole que es, inevitable, el retorno de Bolivia al mar, por nuestro mismo sentido del destino de la historia y hemos de saber por experiencia que; el destino es más poderoso que el hombre.



Periódicos de la época donde se demuestra que Chile invadió el Litoral boliviano